Por: Emma Yanes

Profética: un sueño cumplido Toda casa, incluso la más humilde, se construye con sueños. Se trata de sueños generalmente de amor. Aquí viviremos, aquí crecerán nuestros hijos, aquí haremos del sexo un juego, aquí seremos felices se cree y se dice siempre al principio. Y se distribuyen los espacios y los muros de la casa e incluso los muebles, en busca de esa felicidad. Aquí la fuente, aquí el tibor de Talavera, allá, en el comedor, el cuadro a Arrieta. La casa de la 3 sur 701, hoy sede de Profética, reconstruida con esmero y convertida en biblioteca pública por un particular gustoso de la literatura y el arte, es sin duda la consumación de un sueño que José Luis Escalera, su promotor, comparte con todos nosotros. José Luis deseó hace apenas dos años, lo que parecía imposible: Ahí donde había escombros y basura imaginó un centro de conocimiento, una biblioteca pública especializada en literatura, con una sección especial para niños, además de librería y cafetería, a la que pudiera tener acceso toda la población.

 
Quién creyera en semejante sueño. Pero lo hizo posible. Y aquí estamos festejando con él los que seguramente seremos sus usuarios. Pero este sueño tan preciado, tan compartido ya por todos nosotros, no sería la realidad que es sin la labor y el sueño de muchos otros.
 
En esta historia habrá que mencionar en primer lugar al ciudadano Don Ramón Pablo Loreto, un hombre sencillo, restaurador de santos, ya cerca de los ochenta años, que ha dedicado más de la mitad de su vida , sin ningún otro interés que el simple cariño por Puebla, a la defensa de nuestro patrimonio histórico. A él le debemos entre otras cosas que se salvara de la ruina por lo menos la parte central de la conocida Casa del Deán y sus murales tan apreciados.
 
 
Las instituciones, en este caso el Instituto Nacional de Antropología e Historia, cuentan y ejercen la ley, pero sólo el movimiento ciudadano de hombres como Don Pablo Loreto, pueden evitar que la barbarie y la especulación inmobiliaria acaben con nuestro centro histórico. Profética: un sueño cumplido
Durante los años en que la casona de la 3 sur 701 estuvo abandonada corría un rumor: en la casa había un tesoro escondido. Usureros, ladrones, gambusinos, se dedicaron por años a asaltar el inmueble: rejas, mosaicos de Talavera, la loza misma del patio fue levantada para hacer enormes agujeros en busca del tesoro. Fue sin embargo Don Pablo Loreto, sin interés alguno en una remuneración económica quien lo encontró y lo defendió como patrimonio de la ciudad : el tesoro era desde luego la casona misma, un inmueble con raíces en el siglo XVI, cuando la ciudad de Puebla era sólo una utopía basada en los ideales de Tomás Moro.
 
Y para fundar la Puebla fueron llamados los artesanos, los conquistadores, los hombres sin tierra pero con empeño en el trabajo, para que más allá del mito de la ciudad trazada por los ángeles, fueran los propios ciudadanos quienes trazaran, construyeran calles y repartieran solares, de la que se soñó sería un ciudad armónica, gobernada por hombres democráticos, productivos y honestos.
 
Luego, ya en el siglo XVII, llegó a la Puebla un hombre idealista y reformador con el ánimo de cambiar de raíz la estructura de la iglesia y abrir el mundo del conocimiento al clero secular: se trata sin duda del obispo Juan de Palafox y Mendoza. En l646, por instrucciones suyas, se fundó el Colegio de San Pedro (en lo que hoy es la casa de Cultura), para el estudio de todas las letras y cátedras pertinentes, como gramática, retórica y canto llano ; se añadió además la cátedra del idioma mexicano “para que de su estudio tenga ministros el obispado”.
 
El Colegio daba preferencia a los naturales de la Nueva España, hijos legítimos y pobres, especialmente totonacos, tepanecos, otomiés, chochos, mixtecos y nahuas. Por si fuera poco, para sostener las cátedras de los alumnos, se formó la Biblioteca Palafoxiana “con más de seis mil cuerpos de libros de todas las ciencias y facultades “, considerada entonces la mejor biblioteca de América y hoy bajo resguardo de la Secretaría de Cultura.
Profética: un sueño cumplido
En el Colegio había varias clases de alumnos, entre ellos doce niños –estos sí españoles—que se dedicaban además de a los estudios literarios, la música y al canto gregoriano, mismos que posteriormente serían los niños cantores de la catedral. Y es justamente aquí donde la historia del Colegio de san Pedro (luego, en l693, de san Pedro y san Juan ) se entrecruza con la historia de la hoy casa de Profética. En l694,los alumnos cantores o monaguillos pasaron a formar parte del recién fundado Colegio de Infantes, ya que, siendo niños, “hacían demasiado escándalo” y no dejaban estudiar con rigor a los alumnos de San Pedro.
 
El Colegio de Infantes fue fundado por el obispo Fernández de Santa Cruz, conocido hoy por todos nosotros por la ofensiva manera en que descalificó la prosa y pensamientos de la ahora célebre Son Juana Inés de la Cruz, pero desde luego esa ya es otra historia. Otra historia es también la del corazón de este obispo, que hoy puede parecernos increíble: estipuló claramente en su testamento que una vez fallecido “se saque mi corazón y se entierre en la iglesia de santa Mónica de agustinas recolectas”, cosa que se hizo y donde hasta la fecha permanece.
 
En fin, volviendo a lo nuestro, el obispo Fernández de Santa Cruz, interesado como ningún otro en sublimar misas y eventos religiosos con el canto gregoriano de los niños cantores ( abocados ellos a san Dominguito), cedió, luego de fundar el Colegio de Infantes, “unas casas en la calle que sube del convento de monjas de La Concepción a la Plazuela de san Agustín, conocida hoy como la calle de la Siempreviva y se obligó a completarles hasta mil pesos de renta, con las cuales, lo que se les paga de la fábrica de la Santa Iglesia y la parte que les cabe de la capilla y los entierros, pudiesen cómodamente mantenerse dieciséis niños y su rector, como efectivamente se mantienen y los sirvientes que necesitan”.
Profética: un sueño cumplido Fue tal su empeño por apoyar a los niños cantores que a su muerte, en 1747, estipuló: “que se pague todo lo que hice donación al Colegio de los infantes y constara de su fundación, y si no bastare el sustento de dichos colegiales, se saquen de mis bienes y se pongan a renta toda aquella cantidad que fuera necesaria para que quedara perfecta dicha fundación, lo cual se ejecutará por los señores deán y cabildo de nuestra iglesia”. En fin, las casas donadas para sostener con sus rentas al Colegio, son justamente las que hoy existen sobre la siete poniente que abarca también sin duda a la de la 3 sur 701 esquina con la siete poniente, donde se ubica Profética, y que en sus primeros tiempos incluía también las dos casas contiguas, hacia la calle de La Concepción y de La Siempreviva. adquirió a su vez dichas casas por la vía de la compra a su sobrino Mateo Fernández de Santa Cruz, Márquez de Buenavista. Así, la historia de la hoy casa de Profética, viene sin duda unida a dos de los principales gestores del conocimiento y las artes en la época colonial: los obispos Fernández de Santa Cruz y su amor por la música y el siempre célebre Juan de Palafox y Mendoza, quien protegió a los indígenas y abrió el mundo del conocimiento a sectores marginales dentro de la propia iglesia. La casa de Profética, como las contiguas, subsidiaron en la época colonial a los niños cantores de nuestra catedral. Y en ella solían hospedarse, entre otros, docentes (siempre clérigos) y alumnos del propio Colegio de san Pedro y san Juan.
Profética: un sueño cumplido Existen por su parte dos descripciones arquitectónicas, una de l693, realizada por Diego de la Sierra y Nicolás Castañeda, que habla grosso modo de cómo era la casa; y otra reseña de l740, donde se especifican las reformas que se requerían hacer en los inmuebles para su buen funcionamiento.
 
En ambas descripciones se confirma la unidad de la hoy casa de la 3 sur 701 con las dos aledañas, hacia la 3 sur y hacia la 7 poniente. En las descripciones se menciona “la casona de la esquina, de dos pisos, que era la principal” y tenía siete arcos en el patio, además de la existencia de un pozo con la que se abastecía de agua, aunque hasta ahora ningún documento nos ha confirmado con claridad, que en especifico la casa de la 3 sur 701, tuviera merced de agua, a pesar de diversas peticiones que constan en los archivos.
Quizás porque justamente a un lado suyo, sobre la calle de La Concepción, existía un baño público, que todavía existe. La semejanza de la construcción de la casona, con la de la hoy Casa de la Cultura, antes sede de tan mencionado Colegio, hace pensar por su parte en una posible reconstrucción de la casona por el mismo arquitecto.
 
Así, durante la época colonial y la primera mitad del siglo XIX, la casona perteneció justamente al Colegio de san Pedro y san Juan, colindante a su vez con el Convento de la Purísima Concepción. Más de una vez la casona se vistió de luces para las festividades religiosas de dicho convento, para las procesiones a la catedral y desde luego para todo evento relacionado con el citado Colegio de san Pedro y san Juan.